domingo, 18 de noviembre de 2012

La Cota Mil


Algunas veces me pregunto si estoy loca o muy agradecida a Dios por la vida, o tal vez sea que el estar agradecida por la vida me hace un poco loca.

En el video “Caracas, Ciudad de despedidas”, uno de los personajes decía: “…cuando voy manejando a las 6:00 de la mañana por la Cota mil, digo, Caracas sería tan perfecta sin la gente…” Recordando esas palabras, algunas veces cuando voy por la Cota mil me pregunto ¿Cómo sería Caracas sin carros?, Caracas sin carros sería perfecta. Afortunadamente no tengo que imaginármelo, es el regalo que nos da cada Domingo en la mañana esta principal vía de la Ciudad, la Cota Mil.

Para todos hay espacio en la Cota mil los Domingos. Para las bicicletas, para las patinetas, para la Familia, para quien quiere correr o para quien quiere simplemente caminar. Para mí, es el único lugar de la Ciudad en el que puedes correr con los ojos cerrados (y si gustas con los brazos abiertos), sin temor a estrellarte contra algo o contra alguien, sintiendo la brisa en tu rostro (y en tus brazos, si te decidiste a abrirlos) y sentir por un momento, como es un poco el  volar.

Cuando no voy a la montaña, definitivamente se me hace difícil quedarme en casa y aunque me cuesta mucho salir, una vez que estoy en la calle caminando me cuesta mucho volver. Disfrutar de esta Ciudad, no se limita a un espacio, a un lugar, se limita a nosotros, a nuestros sentidos y a nuestra actitud ante la vida.



Después de mi pequeño esfuerzo en la Cota mil, decidí bajar caminando por la Av. Baralt. Por alguna razón me sentía feliz, aunque caminaba por el medio de un mercadito que suelen montar los Domingos en ese sector. En definitiva el ejercicio me ayudo a drenar.

Algo que siempre me provoca después de correr es un jugo de naranja. Para mi sorpresa una Señora se encontraba en el mercado vendiendo jugo de naranja, así que me detuve de inmediato y le pedí uno natural. No tarde en arrepentirme, cuando vi que disimuladamente escondió un cigarrillo. Pensé, por lo menos el jugo es puro y no tiene que colocarle agua.

Continúe bajando contenta por la Av. Baralt (esto no parece tener coherencia ¿Contenta por la Av. Baralt?). En el camino me cruce con un individuo que llevaba una de esas pashminas que se suelen usar en señal de apoyo a Palestina, así que por un momento vinieron a mi mente algunas de las tristes e impresionantes imágenes que se están propagando en la web. La siguiente imagen con la que me tope fue con la fotografía de Miguel Cabrera en los periódicos del Kiosco y continúe caminando, hasta que me encontré con unos obreros y una Señora con un carrito de mercado, obstaculizando el paso, en la ya congestionada acera. Una vez que logre pasar hacia la Esquina de Salas, intentaba recuperar el nivel de paz adquirido en la Cota Mil, cuando de repente un Señor evoco con voz fuerte a la progenitora de algún desconocido, al no lograr pasar la calle. Esto sin duda me causo sobresalto.

En ese punto ya eran muchas las ideas que traía en la cabeza, por lo que decidí sentarme en la Plaza del Banco Central y tomar nota de ellas. Ya era medio día y en la Plaza se desarrollaba una obra infantil ¿Por qué no observar un rato, mientras aprovecho de descansar? Me resulto bastante entretenido y me lo disfrute como si fuera otro de los pequeños allí presentes. La obra trataba de unas hormigas y había una hormiga que cantaba una y otra vez la misma canción. La canción contaba de un País donde todos eran iguales y nadie pasaba hambre. Al final de la obra unos querían irse al País donde todos eran iguales y nadie pasaba hambre, pero decidieron quedarse en su jardín y convertirlo en un lugar donde todos fueran iguales y nadie pasara hambre.  Y a qué no saben, terminaron cantando otra vez la canción, mientras yo pensaba, la escucho una vez más y lloro. Cada vez que cantaban la canción, pensaba, yo también quiero irme al País donde todos somos iguales y nadie pasa hambre. Eso es lo que ocurre cuando un adulto termina viendo una obra infantil.

En la Plaza del Banco Central hacen con regularidad actividades,  algunas como esta dirigidas a los niños, sin duda una excelente opción para un Domingo.

De allí salí a buscar mi chocolate frio en Café Venezuela. Qué les puedo decir, después que lo probé la primera vez, no hago más que inventarme excusas para pasar por allí y tomarme uno. Lamentablemente, no sé si por ser Domingo o por la hora, solo estaba abierto el Café como tal, de la Esquina de Gradillas. Así que como dije, no hago más que inventarme excusas para ir detrás de mi Chocolate, partí al Parque El Calvario.

No había avanzado mucho cuando note que la Asamblea Nacional estaba abierta y me acerque. Recuerdo que hace muchos años permitían el acceso al lugar, pero nunca llegue a entrar, así que no desaproveche la oportunidad.

Al salir de la Asamblea me vi obligada (léase obligada), a  hacer una parada (es decir otra más), ya que recordé que justo al frente están los Chinos que cuenta mi papa tienen muchos años allí, con la singularidad de tener ya los jugos servidos y exhibidos en la nevera, en una buena variedad. Uno de mango por favor. Uno de guanábana. Al fin partí.

Mientras esperaba para cruzar en la Esquina de Padre Sierra, los carros no paraban de pasar y en ese punto no hay semáforo. Recordé que mi Jefe la semana pasada prácticamente se le tiro a los carros en La Trinidad. Cuando le reclame, me explico que era un paso peatonal y que lo podíamos hacer. Me quede sorprendida al ver como los carros se detenían, bueno más bien como los choferes detenían sus carros. Así que teniendo eso en cuenta, lo intente. No queda duda que el Centro de Caracas no es La Trinidad. Casi me atropella un carro. No lo vuelvo a intentar.

Puedo ir mil veces al calvario y siempre termino tomando alguna fotografía. En esta ocasión intente tomarme unas fotos en la parte central del parque, donde está la estatua, en unas de las escaleras, pero específicamente sentada en los laterales. Se suponía tomaría unas en la parte superior y para cerrar otras deslizándome como en un tobogán. Cuando me disponía a tomar las segundas, llego un Guardia y amablemente me indico que no podía sentarme allí. Pensé, seguro que a un niño de cinco años si se lo permiten, pero a mí no, luego como uno saca el niño que lleva por dentro. Como notaran tenía el infantil alborotado hoy.

¿Y el chocolate? Sí, ya lo había olvidado. En ese punto ya me había tomado mi chocolate, acompañado de unos tequeños. Es que la excusa perfecta para comerse unos tequeños sin tener que freírlos tú, es ir al Café Venezuela del Calvario a tomarse un Chocolate.

Inicio mi retorno. Ya el recorrido del día llega casi a su final y saliendo del Calvario aprovecho para acercarme al puente que va hacia Pagüita a tomarle unas fotografías. Me gusta mucho este puente, así que desde hace tiempo quería aprovechar.

Ahora sí, para cerrar el Tours La Plaza Oleari. Paso con frecuencia por esta Plaza, pero nunca con el tiempo, ni la intención de fotografiarla. Pude notar muchos detalles en ella. Las esculturas de las fuentes. Como vistas las dos fuentes, desde cierto punto, se contraponen. Lo que más me encanto, fue el contraste con los bloques del Silencio a medida que vas observando desde los diferentes puntos de la Plaza.

Decía al inicio que me cuesta salir de casa, pero que una vez que salgo de ella me cuesta regresar. Salí a las 9:30 am y termine regresando a las 3:30 pm aproximadamente. Todo un Tours por solo un sector de Caracas.

Como ya dije, disfrutar de esta Ciudad, no se limita a un espacio o a un lugar, se limita a nosotros, a nuestros sentidos y a nuestra actitud ante la vida.

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