sábado, 24 de noviembre de 2012

La luz amarilla




Esta mañana en el Autobús,  el chófer freno repentinamente y todos los pasajeros que estábamos de pie casi nos caemos. En ese momento me pregunte, será que las personas saben para qué es la luz amarilla del semáforo. Algunos parecen creer que la luz amarilla es una señal para meter la chola y pasar por alto tanto la luz amarilla como la roja. En muchos de los casos, aquellos que no lograron cumplir con su cometido, terminan estacionados sobre el rayado. Ya bastante complicado es cruzar una Avenida en esta Ciudad, para entonces también tener que lidiar con un obstáculo más. Por un lado los conductores pasando por alto el semáforo y por el otro, los motorizados que te pueden salir de cualquier parte y en cualquier dirección.

En el Centro hay dos Señoras que acostumbran pasear sus perritos en la mañana, perdón, sus perrotes. Siempre van en ropa deportiva y cada una lleva una vara similar a las que se usan en cierta disciplina, en este momento no recuerdo el nombre. Seguramente las llevan para que sus perros se comporten mientras los pasean.

 Hoy cuando caminaba a la parada me cruce con una de estas Señoras y mientras esperaba que cambiara la luz, escuche a la otra gritar, ¡Eso es para nosotros pasar!. Al voltear note que un conductor se había quedado parado completamente sobre el rayado mientras cambiaba la luz. Inmediatamente la acompañante del conductor comenzó a insultar a la Señora, la cual como se podrán imaginar automáticamente reacciono de la misma manera.  Adicionalmente saco su vara y amenazo con caerle a palos al hombre. La otra Señora que se había adelantado, regreso a ver qué ocurría, saco su vara y le grito al sujeto, ¡¿Cómo te vas a meter con una Señora chico?¡, y ambas le amenazaban con darle un palazo. El conductor se encontraba en un tercer canal, por cierto comiéndose la flecha,  y por tanto más alejado de ellas.  Ante esto parece haberles nacido un cierre en la boca tanto al chófer abusador, como a su grosera acompañante, claro no menos grosera que las otras dos Señoras. Entonces cambio la luz y el espectáculo finalizo. 

Este episodio me recordó, algo que me contaron una vez, no recuerdo quien lo narro ni exactamente dónde ocurrió, si fue en la calle o en un estacionamiento, es más, probablemente se trate de una leyenda Urbana de esas que ruedan por allí, pero viendo esas actitudes que abundan en la calle, no dudaría de la veracidad de la historia.

En determinado lugar, si no mal recuerdo un estacionamiento, un conductor se le coleo al otro y para colmo le grito, ¡Este es el País de los vivos!, el otro que quien sabe de qué humor andaba o supongo yo le sobraría el dinero, reacciono clavándole el carro por detrás, es decir chocándolo y finalmente diciéndole: Este el País de los vivos.

Debo decir que no estoy de acuerdo, ni apoyo actos violentos, ni situaciones en las que se insulta y falta el respeto a las personas, sin embargo puedo entender bien la indignación de estas personas, al ver pasar por alto no solo sus derechos, sino también las normas de convivencia que permiten que se mantenga un orden relativo. Ya sé que vivimos en un caos, pero qué tal que a todos en los estacionamientos les diera por querer salir a la vez y que siempre estuvieran coleándose, o que pasaría si absolutamente ningún conductor respetara las luces del semáforo. Los primeros no podrían salir nunca del estacionamiento, al menos que sea remolcados por una grúa después de terminar chocado. En el segundo caso, los que andamos a pie tendríamos que limitar nuestra vida a una manzana, ya que nunca podríamos cruzar la calle, mientras, los que andan manejando vivirían chocando con el del otro lado que tampoco obedeció el semáforo.

Siempre lo he dicho, así como no apoyo las actitudes ya mencionadas, me niego a adoptar actitudes egoístas como las que abundan hoy. Aunque me cueste un montón, o como dicen, aunque me cueste un cerro, seguiré poniendo mi granito de arena respetando las normas y dándole una mano a todo aquel que no le vea cara de que me quiera robar.

Esta es la segunda entrada de este blog sobre este tema, sin contar un poema que se encuentra en otro de mis blogs, además de algún otro que se quedo en borrador. Esperemos no reincidir en este tema, aunque cuando andas a pie en esta Ciudad, es difícil que se te escape algún detalle. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Éramos felices y no lo sabíamos.




50 Palabras. Mecano.



Esta canción definitivamente me transporto en el tiempo. De un golpe me hizo recordar tantas cosas de esos años, de como dicen las personas, de  “cuando éramos felices y no lo sabíamos”. De cuando yo pensaba, a mi corta edad, que el mayor riesgo era atravesar un callejón en La Quebradita para llegar más rápido al Liceo o toparse en el baño con una grandulona de 3er año martillando 50,00 Bs. 

“Éramos felices y no lo sabíamos”, pero como dice la canción:

Ay, que pesado, que pesado
siempre pensando en el pasado
no te lo pienses demasiado
que la vida está esperando”.



Ay que pesado! Mecano.


domingo, 18 de noviembre de 2012

La Cota Mil


Algunas veces me pregunto si estoy loca o muy agradecida a Dios por la vida, o tal vez sea que el estar agradecida por la vida me hace un poco loca.

En el video “Caracas, Ciudad de despedidas”, uno de los personajes decía: “…cuando voy manejando a las 6:00 de la mañana por la Cota mil, digo, Caracas sería tan perfecta sin la gente…” Recordando esas palabras, algunas veces cuando voy por la Cota mil me pregunto ¿Cómo sería Caracas sin carros?, Caracas sin carros sería perfecta. Afortunadamente no tengo que imaginármelo, es el regalo que nos da cada Domingo en la mañana esta principal vía de la Ciudad, la Cota Mil.

Para todos hay espacio en la Cota mil los Domingos. Para las bicicletas, para las patinetas, para la Familia, para quien quiere correr o para quien quiere simplemente caminar. Para mí, es el único lugar de la Ciudad en el que puedes correr con los ojos cerrados (y si gustas con los brazos abiertos), sin temor a estrellarte contra algo o contra alguien, sintiendo la brisa en tu rostro (y en tus brazos, si te decidiste a abrirlos) y sentir por un momento, como es un poco el  volar.

Cuando no voy a la montaña, definitivamente se me hace difícil quedarme en casa y aunque me cuesta mucho salir, una vez que estoy en la calle caminando me cuesta mucho volver. Disfrutar de esta Ciudad, no se limita a un espacio, a un lugar, se limita a nosotros, a nuestros sentidos y a nuestra actitud ante la vida.



Después de mi pequeño esfuerzo en la Cota mil, decidí bajar caminando por la Av. Baralt. Por alguna razón me sentía feliz, aunque caminaba por el medio de un mercadito que suelen montar los Domingos en ese sector. En definitiva el ejercicio me ayudo a drenar.

Algo que siempre me provoca después de correr es un jugo de naranja. Para mi sorpresa una Señora se encontraba en el mercado vendiendo jugo de naranja, así que me detuve de inmediato y le pedí uno natural. No tarde en arrepentirme, cuando vi que disimuladamente escondió un cigarrillo. Pensé, por lo menos el jugo es puro y no tiene que colocarle agua.

Continúe bajando contenta por la Av. Baralt (esto no parece tener coherencia ¿Contenta por la Av. Baralt?). En el camino me cruce con un individuo que llevaba una de esas pashminas que se suelen usar en señal de apoyo a Palestina, así que por un momento vinieron a mi mente algunas de las tristes e impresionantes imágenes que se están propagando en la web. La siguiente imagen con la que me tope fue con la fotografía de Miguel Cabrera en los periódicos del Kiosco y continúe caminando, hasta que me encontré con unos obreros y una Señora con un carrito de mercado, obstaculizando el paso, en la ya congestionada acera. Una vez que logre pasar hacia la Esquina de Salas, intentaba recuperar el nivel de paz adquirido en la Cota Mil, cuando de repente un Señor evoco con voz fuerte a la progenitora de algún desconocido, al no lograr pasar la calle. Esto sin duda me causo sobresalto.

En ese punto ya eran muchas las ideas que traía en la cabeza, por lo que decidí sentarme en la Plaza del Banco Central y tomar nota de ellas. Ya era medio día y en la Plaza se desarrollaba una obra infantil ¿Por qué no observar un rato, mientras aprovecho de descansar? Me resulto bastante entretenido y me lo disfrute como si fuera otro de los pequeños allí presentes. La obra trataba de unas hormigas y había una hormiga que cantaba una y otra vez la misma canción. La canción contaba de un País donde todos eran iguales y nadie pasaba hambre. Al final de la obra unos querían irse al País donde todos eran iguales y nadie pasaba hambre, pero decidieron quedarse en su jardín y convertirlo en un lugar donde todos fueran iguales y nadie pasara hambre.  Y a qué no saben, terminaron cantando otra vez la canción, mientras yo pensaba, la escucho una vez más y lloro. Cada vez que cantaban la canción, pensaba, yo también quiero irme al País donde todos somos iguales y nadie pasa hambre. Eso es lo que ocurre cuando un adulto termina viendo una obra infantil.

En la Plaza del Banco Central hacen con regularidad actividades,  algunas como esta dirigidas a los niños, sin duda una excelente opción para un Domingo.

De allí salí a buscar mi chocolate frio en Café Venezuela. Qué les puedo decir, después que lo probé la primera vez, no hago más que inventarme excusas para pasar por allí y tomarme uno. Lamentablemente, no sé si por ser Domingo o por la hora, solo estaba abierto el Café como tal, de la Esquina de Gradillas. Así que como dije, no hago más que inventarme excusas para ir detrás de mi Chocolate, partí al Parque El Calvario.

No había avanzado mucho cuando note que la Asamblea Nacional estaba abierta y me acerque. Recuerdo que hace muchos años permitían el acceso al lugar, pero nunca llegue a entrar, así que no desaproveche la oportunidad.

Al salir de la Asamblea me vi obligada (léase obligada), a  hacer una parada (es decir otra más), ya que recordé que justo al frente están los Chinos que cuenta mi papa tienen muchos años allí, con la singularidad de tener ya los jugos servidos y exhibidos en la nevera, en una buena variedad. Uno de mango por favor. Uno de guanábana. Al fin partí.

Mientras esperaba para cruzar en la Esquina de Padre Sierra, los carros no paraban de pasar y en ese punto no hay semáforo. Recordé que mi Jefe la semana pasada prácticamente se le tiro a los carros en La Trinidad. Cuando le reclame, me explico que era un paso peatonal y que lo podíamos hacer. Me quede sorprendida al ver como los carros se detenían, bueno más bien como los choferes detenían sus carros. Así que teniendo eso en cuenta, lo intente. No queda duda que el Centro de Caracas no es La Trinidad. Casi me atropella un carro. No lo vuelvo a intentar.

Puedo ir mil veces al calvario y siempre termino tomando alguna fotografía. En esta ocasión intente tomarme unas fotos en la parte central del parque, donde está la estatua, en unas de las escaleras, pero específicamente sentada en los laterales. Se suponía tomaría unas en la parte superior y para cerrar otras deslizándome como en un tobogán. Cuando me disponía a tomar las segundas, llego un Guardia y amablemente me indico que no podía sentarme allí. Pensé, seguro que a un niño de cinco años si se lo permiten, pero a mí no, luego como uno saca el niño que lleva por dentro. Como notaran tenía el infantil alborotado hoy.

¿Y el chocolate? Sí, ya lo había olvidado. En ese punto ya me había tomado mi chocolate, acompañado de unos tequeños. Es que la excusa perfecta para comerse unos tequeños sin tener que freírlos tú, es ir al Café Venezuela del Calvario a tomarse un Chocolate.

Inicio mi retorno. Ya el recorrido del día llega casi a su final y saliendo del Calvario aprovecho para acercarme al puente que va hacia Pagüita a tomarle unas fotografías. Me gusta mucho este puente, así que desde hace tiempo quería aprovechar.

Ahora sí, para cerrar el Tours La Plaza Oleari. Paso con frecuencia por esta Plaza, pero nunca con el tiempo, ni la intención de fotografiarla. Pude notar muchos detalles en ella. Las esculturas de las fuentes. Como vistas las dos fuentes, desde cierto punto, se contraponen. Lo que más me encanto, fue el contraste con los bloques del Silencio a medida que vas observando desde los diferentes puntos de la Plaza.

Decía al inicio que me cuesta salir de casa, pero que una vez que salgo de ella me cuesta regresar. Salí a las 9:30 am y termine regresando a las 3:30 pm aproximadamente. Todo un Tours por solo un sector de Caracas.

Como ya dije, disfrutar de esta Ciudad, no se limita a un espacio o a un lugar, se limita a nosotros, a nuestros sentidos y a nuestra actitud ante la vida.

lunes, 22 de octubre de 2012

El Jardín Botánico





Entre las cosas esplendorosas que han avivado mi vista estas últimas semanas se encuentra una  de las lagunas del Jardín Botánico, específicamente la ubicada al final y que se observa desde la Autopista Francisco Fajardo. Tengo la oportunidad de verla cada mañana cuando me dirijo a mi trabajo y hoy la note particularmente más hermosa. No cabe duda que el reciente clima le ha favorecido.

No les puedo explicar lo que significa para mi toparme con ese paisaje, después de una hora de espera para tomar el transporte, sorteando con toda suerte de situaciones. Sin duda como ya dije, me aviva.

Les recomiendo aprovechen la oportunidad de ver este espectáculo de la naturaleza que nos regala el Jardín Botánico, sin dejar de detenerse en la laguna de la entrada y sin pasar por alto en el retorno la laguna próxima al cercado de la autopista y un poco más hacia la entrada. Esta es mucho más pequeña que las dos primeras, pero igual de hermosa y rodeada de una vegetación diferente a la de las otras dos lagunas.

Seguramente como parte de este espectáculo se topen con alguna inquieta libélula jugueteando entre las flores o algún caracol reposando sobre una hoja sumergida en el agua, es solo cuestión tomarse su tiempo y detenerse a observar.  

Recomendado también caminar por el sendero de interpretación. No importa la edad. Tome su tiempo para leer los carteles, están diseñados de una manera sencilla y ubicados estratégicamente. Si se deja llevar por el mensaje que estos transmiten puede que se lleve más de una sorpresa, así que no diré más. El sendero de interpretación esta después de la primera laguna, es un desvío a mano izquierda que lo subirá y llevara por un costado del Jardín Botánico. Debe estar atento al desvío y la señalización de este para no pasar de largo al área de los baños.

Se debe pagar entrada para visitar el lugar, actualmente tiene un costo de quince bolívares (15,00 Bs.), que bien vale la pena pagarlos por el agradable momento que se puede pasar. Una actividad diferente y otra manera de aprender de la naturaleza.





jueves, 11 de octubre de 2012

Un año después




Hace un año ya desde que ocurrió lo inimaginable para mi, Ismael Serrano dando un concierto en Caracas.

En el mes de Julio del año pasado, caminaba por una Feria del Libro en la Plaza de los Museos, cuando de repente mi acompañante me jalo del brazo y atónito me señalo un CD de Ismael Serrano en un stand, el último en ese momento, “Acuérdate de vivir”. Mientras pagábamos nuestros inesperados regalos, el chico que nos atendía comentaba lo irónico de que mientras en Países como Chile o Argentina Ismael Serrano tenía más de una presentación, en Venezuela ni siquiera pudiésemos contemplar esa posibilidad y yo escéptica como siempre, a creer que en nuestros País exista público para la Canción de Autor, aceptaba que tener un Concierto de Serrano en Venezuela no era algo posible.

Así que ese día me largue con mi Amigo, mi CD y mi escepticismo a seguir caminando. Esa semana me la pase enganchada de las canciones de “Acuérdate de vivir”, tan buenas como las de los trabajos anteriores de Ismael Serrano. Un día a causa de mi febril gusto, visite la página Oficial de Ismael Serrano y un poco por curiosidad, pero también por sarcasmo, decidí dar una mirada a las próximas presentaciones, en ese momento de Gira por Latinoamérica. Sorpresa, llegue a creer que mis ojos o mi mente me hacían una jugarreta, cuando leí, 11 de Octubre Centro Cultural Corpbanca, Caracas. Inmediatamente visite la página pertinente y a partir del 30 de Agosto estarían las entradas a la venta, ahora solo era cuestión de contar los días y esperar que pudiese pagar la entrada.

Llego el día, entradas para única función, precios sorprendentemente accesibles, tanto que pude comprar VIP. Ahora a contar los días para esperar estar allí, en mí segunda fila, escuchando a Ismael Serrano, con un montón de expectativas al respecto, y tal vez arrastrando aún un poco de mi escepticismo. Pero el ínterin de los días me regalo otra sorpresa, digo que me la regalo porque da gusto ver como algo funciona, aunque no sea uno el que directamente se beneficie. Se abre una nueva fecha para el 12 de Octubre, lo inimaginable ocurrió por partida doble y ahora sí me escepticismo ha bajado la cabeza y se marcha con el rabo entre las piernas.

Llego el día y gracias a que me toco trabajar fuera de la Oficina debí esperar un poco más del tiempo acostumbrado. Al fin permiten la entrada. Ubicada en mi butaca transcurre lentamente mi espera, mientras observo como las dos alas de la sala, con su odiosa columna en el medio, se van llenando. En algún momento me sentí acorralada por las conversaciones que se derivaban de los que se encontraban más próximos a mí, porque algo que sin duda quedo claro, fue la variedad de seguidores que tiene el Cantautor en el País. Así que sintiéndome acorralada por la conversación de al lado, comencé a interrogar a la joven a mi lado, quien acompañaba a su Hermano. Se habían enterado del Concierto a través de twitter y además vivían fuera de la Ciudad, asunto que complicaría su retorno a Casa, como a más de uno de los presentes, incluida yo entre ellos. Debo mencionar, que entre las conversaciones que se escuchaban antes de entrar, algunos esperaban por la llegada de amigos que venían de Ciudades de fuera de Caracas, como Valencia, creo recordar que también de Barquisimeto, tal vez especule, de la vuelta de la esquina por así decirlo, menudo y satisfactorio esfuerzo, que hasta yo estaría dispuesta hacer por estar allí esa noche.

Es la hora del esperado momento, un sencillo escenario y una sala ansiosa esperan al anfitrión de la noche, todos preparados, aplausos listos, la sorpresa está por comenzar.

En mi ala de la sala comienzan a aplaudir y al voltear a un lado vemos bajar a Ismael Serrano, como cualquier otro mortal de los que estamos allí esa noche. Vestido de traje y colgando la chaqueta de su hombro baja los escalones hasta llegar al escenario, es hora de comenzar.

Un año después son muchos los detalles que ya no recuerdo, sería pedirle demasiado a mi mente que ya comienza a dar indicios de prematuro desgaste, sin embargo, algo que no podre olvidar es la esencia de esta presentación llena de genialidad.

En mi apreciación, fue como escuchar la narración de una entretenida Obra Teatral con el mejor de los fondos musicales. Ismael Serrano procede a contarnos la historia de la comunidad de un Edificio, entrelazando en ella cada uno de los personajes que allí habitan con cada una de las canciones que nos van deleitando.

Muchas canciones pidió el público y no se cantaron, Dulce y tierna historia de amor, Canción del amor propio, son algunas de las que recuerdo, pero también debo decir que este Cantautor no mezquino para nada el repertorio, canto la mayoría de sus canciones representativas, así como muchas de su último trabajo.

Todos cantamos con él sus canciones. Un momento significativo para mí, Ismael Serrano inclina su cabeza, da una mirada a una carpeta que reposa en el piso, mientras aprieta sus labios. Quise interpretar este gesto como un esfuerzo por disimular su sorpresa y satisfacción al escuchar cantar al público. En un momento dice (no recuerdo las palabras exactas, pero si su esencia), gracias por tomarse la molestia de aprenderse mis canciones para este Concierto, bueno tuvieron tiempo suficiente para ello, alguien grita 17 años (sino mal recuerdo), el se ríe y dice, ah por cierto y cómo es que se saben mis canciones,  si aquí no se consiguen mis CD´s, alguien grita, Internet. Así que con el mejor humor y grata ironía, todos aceptábamos la realidad, del por qué y cómo estábamos allí, nuestro gusto por la Canción de autor y en este caso en particular por el trabajo de este Canta autor.

Otro momento importante fue cuando alguien del público grito, ¡Ismael, Venezuela le gano a Argentina 1-0! y él con gracia le responde, pero tu estas pendiente del Concierto o del Partido, miren que él es Argentino, señalando a uno de sus acompañantes y siguiendo luego con una serie de chistes relacionados al twitter y aludiendo a esos, más de uno, que fueron forzados por sus novias a asistir al Concierto, en vez de quedarse a ver el partido.

Y como olvidar a la odiosa columna, a esta también le dedico su tiempo de entretenimiento. Nunca antes le había tenido que cantar a una columna, es como cantar en una cancha de tennis, y así siguió por un rato, entreteniéndonos y haciéndonos reír a costa de la columna.

De las canciones y su voz, sobra lo que se diga, no esperábamos menos y sin embargo él nos dio más. Particularmente me fascinaron los arreglos musicales de una de mis canciones favoritas, pero a la vez una de las más tristes de Serrano, Caperucita. El estilo que uso en la canción, para esta presentación, alejo de ella ese sentimiento triste que produce en si su letra, simplemente me encanto. Arreglos que sin duda merecen quedar plasmado en una grabación, seguramente ya exista, pero no he logrado dar con ella, pido auxilio a quien pueda ayudar sobre el tema.

En resumen un Concierto que resulto toda una experiencia y un regalo, sin reservas diría yo, más bien completamente entregado. Hablamos de aproximadamente tres horas de presentación, sin querer moverse de la butaca y saliendo del Centro Cultural casi a la media noche. Llego el momento de volver a la realidad y preocuparse en cómo sortear el transporte y la inseguridad para regresar a casa, pero con una experiencia única y pendiente por repetir.

Y así fue como lo inimaginable se hizo posible. Pensé entonces y pienso ahora, que esa noche fue un experimento, un experimento que salió muy bien.

Se despide este conejillo de indias, con sus oídos dispuestos para quien quiera seguir experimentando con su música.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Luz roja



7:05 am la luz cambia a rojo y el niño en su inocencia reclama a su madre: Mamá está en rojo!, mientras ella responde que lo sabe, pero aún no pueden cruzar (Cómo hacerlo, si los conductores hacen caso omiso de la luz roja). No cabe duda que escapa al conocimiento de este pequeño, el poder comprender por qué los adultos no respetan las normas que a él le han enseñado, no es de extrañar entonces que una vez que él se vuelva adulto, termine adoptando la actitud general y olvidando por completo los principios que se le enseñaron en la infancia.

Podemos explicar con muchas palabras a un niño lo que es correcto e inmediatamente enseñar todo lo contrario con un acto.


En una ocasión esperaba que cambiara la luz y mientras sujetaba a mi pequeña hermana de la mano, ella me pregunto por qué no cruzábamos, entonces aproveche la oportunidad de dar una enseñanza de hermana mayor. Una vez explicado los colores de las luces del semáforo y su función parecía todo estar claro, cuando al voltear a la izquierda note que no venía un solo carro, en una Avenida principal de Caracas y en un cruce en el cual, una vez cambiara la luz a rojo, no me darían mucha oportunidad de cruzar, así que sin detenerme a pensar en la contrariedad de mi acto, cruce apresuradamente con la niña hasta llegar al otro lado de la calle.

Probablemente mi hermana no comprendiera en ese momento lo que ocurrió, pero una vez que medite en lo que había hecho, como pase de dar una enseñanza a derribarla con mis actos, no muy bien me sentí, mucho menos como una hermana ejemplar.

No debemos subestimar  la capacidad de aprender de los pequeños, más bien luchemos por enseñarles buenos valores, especialmente con el ejemplo, aunque la mayoría de las personas los pasen por alto. La fuerza con que estos se graben en los niños será la clave y uno de los mejores regalos que les podremos dar en su vida.

viernes, 3 de agosto de 2012

Caminar en Caracas






Vivo en uno de los barrios más viejos de la Ciudad, uno de los tantos que a pesar de estar adyacente a una vía principal, tiene sus calles internas rotas, remendadas a medias o de a pedacitos por sus propios habitantes.

Hasta hace poco me resultaba toda una tortura caminar por la calle que va a mi casa, la pobre remendada por todos lados te hacia bambolear cuando caminabas, a esto debías agregar los carros y sobre todo los motorizados que acostumbran pasar por allí; calle que curiosamente es ciega, digo curiosamente ya que resulta un poco incomprensible que tenga tanto tránsito de vehículos siendo una calle sin salida. Lo anterior no debería ser limitante a la hora de caminar, ya que existen las aceras, solo que el uso común de las mismas está destinado para otros fines, como por ejemplo las conversaciones. La conversación de los panas tomando una cerveza, la de las vecinas poniéndose al día, la de los que parecieran no verse nunca y cuando se cruzan en el camino pasan un buen rato hablando o los que, en conjunto, siempre están reparando sus motos.

Comentaba entonces que hasta hace poco resultaba una tortura caminar por mi calle, hasta que comenzaron a levantar el asfalto de esta con el propósito de repararla, y yo, una ilusa más de las que habita este País, me alegre, en vano por supuesto. Así que resumiendo la condición actual de mi  calle, desde hace mes y medio la están rompiendo y desde hace una semana aproximadamente los trabajos están parados. Mientras, los usos de las aceras se han extendido, ya que a todos los antes mencionados debemos agregar los escombros que descuidadamente han dejado sobre ellas. Sin embargo, como buen venezolano, buscando siempre el punto positivo a las desgracias, debo decir que ya no hay tráfico de carros  en ella y que ha disminuido el tránsito de las motos, las razones sobradamente obvias.

Retomando el tema del uso de las aceras, debo decir que esto se extiende a toda la Ciudad, incluso a las Avenidas de anchas aceras, como la Av. San Martín, Baralt, Francisco Miranda, entre otras.

Esta mañana después de culminar mi primera carrera de obstáculos del día, en la que un motorizado se subió a la acera, mientras yo no tenía por donde caminar, más que la calle rota llena de piedras y la angosta acera; sin embargo él se detuvo y mientras yo le pasaba por un lado se disculpo, cosa que me sorprendió enormemente, pero que sin duda suavizó mi acostumbrada molestia hacia ese tipo de abusos. Entonces una vez superado esto, comienzo a caminar por la Avenida, cuando me topo con la Señora del puesto de teléfonos ocupando la mitad de la acera con su sombrilla de playa, a la vez que conversaba con dos personas que ocupaban la otra mitad junto con dos bolsas negras gigantes llenas de cojines. Irremediablemente tuve que bajarme de la acera y apenas me había subido de nuevo cuando me topo con unos albañiles que, mientras esperaban entrar a la obra, tomaban café en fila ocupando casi toda la acera y quedando un pequeño espacio por donde pasar. Debo confesar que fue muy tentadora la idea de tropezar al que estaba más próximo a la calle para hacerle derramar su café, pero digamos que fue uno de esos tantos malos pensamientos contra los que luchamos a diario, como ese que tengo desde mi adolescencia de poder tener una barita mágica para pegarle con ella en la cabeza a un motorizado o pincharle un caucho al  carro de un conductor abusador.

En fin, ni caminando en el Metro en hora normal te salvas. De esto no hace falta hablar mucho, más bien de esto se sabe y se vive demasiado, sin embargo hay un caso en particular que suele molestarme, el de las parejitas híper enamoradas. Soy completamente consiente de que toda persona tiene derecho a enamorarse y a dar demostraciones de afecto, incluso soy respetuosa del hecho de que el mundo parezca estar detenido cuando se está enamorado, pero esto no significa que literalmente el mundo se detenga, que deje de girar y que en especial que dejemos de caminar.

En una de esas tantas veces que mi caminar se ha visto interrumpido por una pareja de enamorados, ocurrió algo singular y que me hizo pensar que probablemente no soy la única que opine de esa manera. Bajaba por las escaleras mecánicas de una estación cuando me detuve debido a una pareja de enamorados, mientras pensaba, se irá el tren, en esta línea siempre tardan en llegar, cuando de repente una Señora mayor pasa a mi lado y abruptamente dice permiso, a la vez que se mete en el medio de la pareja que en ese instante se besaba. Podrán imaginar mi cara y lo difícil que fue contenerme la risa.

Así que en todo lo que resulta caminar por Caracas, terminas sintiendo que, como peatón, no es tuyo el rayado, es para que los carros se queden parados mientras cambia la luz, no es tuya la luz roja (mucho menos cuando llueve a cantaros), es del atorado que igual que tu quiere llegar a su casa (solo que tu llegaras mojado y él no), no es tuya la acera, es para que los demás se queden atravesados en ella. Entonces un día de repente, te encuentras caminando por el medio de la calle y viendo hacia ambos lados, incluso en la dirección contraría, y cumpliendo en ti el famoso dicho de “como perro en carretera” o “como novia de pueblo” (viendo para los lados).

Queda claro entonces lo traumático que puedo resultar caminar por Caracas, aún así, no sé si por masoquismo o por enfermedad, me puedo contar entre los Caraqueños que disfruta de caminar por esta Ciudad, en especial en esas épocas en casi todos salen de ella.

De mis caminatas, sin duda la favorita es la del centro de Caracas. Para mí es como caminar por nuestra historia, como vivir el contraste de una zona que en un momento puede estar completamente saturada de personas y en otro dar la impresión de un pueblo fantasma.  Es como ver pasar diferente épocas de la Ciudad por tus ojos, para mí algo de lo que hasta el día de hoy disfruto, aún a las 7:00 de la noche, cuando de excusa me empeño en atravesar por varios de esos puntos para llegar a mi hogar.  

viernes, 27 de julio de 2012

La Cochinchina



Siempre fui renuente a tener un blog con textos de opinión, el tema de tener una página más que atender o más bien que descuidar, realmente no me animaba para nada (aún no me anima), sin embargo por una razón u otra siempre terminaba con ideas en mi cabeza por escribir, cosa que finalmente no hacía e ideas que por tanto no compartía, negada completamente a invadir mi blog de Poesía con mis trillados pensamientos.

No cabe duda que algo que no nos abandona a diario es el zarandeo del día, lo que llamamos rutina, que suena a monotonía, pero que después de un mal día no puede menos que dejarnos con deseos de largarnos a la Conchinchina.

A la Conchinchina nos queremos ir, cuando el entorno nos satura, cuando la rutina nos harta, cuando ya no podemos más con una situación y simplemente quisiéramos tener el poder de desaparecernos, pero en su defecto no nos queda más que recurrir a esa vieja expresión “Me quiero ir a la Conchinchina”, la cual curiosamente no recordamos desde cuando la usamos, ni mucho menos cómo la aprendimos.

Suelo usar con frecuencia esta expresión para sugerir a alguien que se vaya a la Conchinchina, completamente en chiste por supuesto, incapaz yo de dar la típica entonación de quienes en sustitución de palabras más fuertes recurren a ella como respuesta.

Así que hoy, después de unos cuantos malos tragos, unas cuantas lagrimas de rabia y más de una decisión transcendental que considerar, pensé: Como quisiera irme pa’ la Conchinchina.

Luego pensando un poco en el asunto, de irme a la Conchinchina, me pregunte si realmente existiría un lugar con ese nombre. Para mi sorpresa e ignorancia, resulto que si existe este lugar, considerado en cierta época un sitio muy lejano, lo que convirtió para entonces la palabra Conchinchina (como popularmente la mencionamos) o Cochinchina en sinónimo de lugar lejano.

Aquí en parte lo que menciona Wikipedía:

“Cochinchina (o Cochin China, en francés: Cochinchine) es la zona meridional de Vietnam, al sur de Camboya. Limita al norte con Camboya y está abierta al Mar de China Meridional y al golfo de Tailandia. En ella se encuentra la principal ciudad de Vietnam:Ciudad Ho Chi Minh (antigua Saigón).

El nombre Cochin-China deriva del chino Jiaozhi (交阯 o 交趾) esto debido a sus antiguos gobernantes chinos, (que adaptaron la escritura china a su lengua), Cochin es la transcripción fonética hecha por los franceses para el sinograma cuyo significado es colinas de bases cruzadas o huellas cruzadas. Localmente se le llama en vietnamita Nam B (南圻), que significa 'Frontera Sur'.”

Descubierto entonces la existencia de la Cochinchina, cabe preguntarse cómo paso a ser parte del vocablo hispano dicha expresión. Sabería.com da una explicación bastante resumida que aclara el punto.

El origen de la expresión se remonta a mediados del siglo XIX, cuando varios misioneros españoles y franceses fueron asesinados en este territorio, que por entonces estaba bajo influencia francesa, y se destinó allí una expedición de castigo formada por militares franceses y españoles. Las tropas españolas permanecieron cinco años en la zona, y de ahí comenzó a difundirse la expresión que contenía este lugar tan alejado.”

Aún así resulta interesante leer un poco sobre la historia de cómo llegaron los Españoles en esa época a tan distante lugar, para que una vez terminada su expedición, su próximo destino fueran Las Filipinas, que a mi parecer para entonces podrían considerarse tan recónditas como la Conchinchina, pero tratándose de distancias por lo visto esta última sacaba ventaja.

Debo confesar, insistiendo aún en mi ignorancia, que el creer que la Conchinchina no era un lugar real, me hacia imprimirle más énfasis a la expresión.  Sera difícil de ahora en adelante no usar esta expresión sin hacer las debidas acotaciones y sin dejar de mencionar, que la Conchinchina no es tan desconocida, ni tan irreal como pensamos.

Aquí la última referencia de esta entrada, fundeu.es

Hoy la Cochinchina ya no está tan lejos; de hecho, Vietnam se ha convertido en uno de los destinos más solicitados del sureste asiático y el turismo representa ya el 13,1 % del PIB nacional. Buena parte de ese turismo pasa por el delta del Mekong, la antigua Cochinchine francesa, la mayor y más rica llanura aluvial del sureste asiático. Unos 40.000 kilómetros cuadrados (la superficie de Holanda) de fértiles tierras en las que el Mekong transforma todo en vida.”

Y después de un día como hoy, me hubiese encantado tomarme una copita de vino y acompañarla con mi cuatro, pero por lo pronto no queda más que irme a la Conchinchina o lo que es lo mismo, ver un capítulo más de la Ley y el orden, de los pocos programas que aún se pueden ver en la TV Venezolana.