domingo, 27 de marzo de 2016

Caminando en numerales





#1 Caracas a puertas cerradas.

 Dos días disponibles para hacer lo que quisiera mientras me quedaba en la Ciudad. Opción 1, quedarme en casa. Opción 2, ir a los lugares más concurridos y que en estos días suelen estar abarrotados de gente. Opción 3, hacer mi propio itinerario y recorrido fotográfico, empezando en el centro de Caracas, atravesando por el Parque Los Caobos hasta Plaza Venezuela, de allí a la Universidad Central de Venezuela, para caer luego a la Avenida Victoria, retornando por esta para finalizar en el Paseo Los Próceres. Este recorrido incluyo sitios históricos como el Panteón Nacional o museos como los de la Plaza de los museos y también el Jardín Botánico. Todos los anteriores a puertas cerradas, solo las Iglesias tenían sus puertas abiertas. Me pregunto, si los Museos no trabajan los días en que se supone tienen más trabajo, entonces, cuándo lo hacen. 

#2 El Señor de los Libros.


 Seguro todos conocen al Señor que esta siempre a la entrada de la UCV que da a Plaza Venezuela. Siempre que paso por el lugar me pregunto si duerme allí, si nunca mueve los libros de ese sitio o si tan siquiera les limpia un poco el polvo. He pasado muchas veces por el lugar, pero nunca había cruzado palabra con él, tal vez ni siquiera había reparado lo suficiente en este.


 Me detengo un momento, observo rápidamente los libros y entre ellos encuentro un ejemplar de “Eva Luna” de Isabel Allende, me volteo y pregunto el precio del libro, pero no recibo respuesta, concluyo entonces que no me ha escuchado, así que repito la pregunta y cual parodia de una película de terror o como en un capitulo de los Monsters, escucho una voz seca y golpeante que dice, Ábrelo. Una palabra con un sencillo significado, pero que en el contexto, en el gesto y tono,  decía: si lo hubieses abierto sabrías que el Precio está escrito adentro, no preguntes lo obvio y no me molestes más. Entonces entendí, porque tantas veces que había pasado por el lugar solo había reparado en los libros y no en él, porque él está allí como quien no está. 




#3 A donde los pies llevan.


 Qué importa que las puertas estén cerradas, lo que importa es querer caminar. Hoy el itinerario tomo otros rumbos, Metro hasta Gato Negro y allí el Parque del Oeste, luego una caminata hasta el Boulevard de Catia retornando de nuevo a Gato Negro, para tomar el Metro a Capitolio y de allí caminar hasta la Pastora. Si algo bueno tienen estos días, es poder aprovechar flujo de personas que caminan de una Iglesia a otra, en otras circunstancias creo que no me habría atrevido a hacer esta visita a La Pastora.


#4 Caracas a puertas abiertas. 


 Este día va de ñapa, el cierre de una semana de descanso y el Lunes a volver a trabajar. Los Domingos suelen ser de los días en los que abundan los lugares para hacer actividades al aire libre, una de mis favoritas, correr por la Avenida Bolívar, la UCV y finalizar en Los Próceres. 


#5 Movió levemente su cabeza. 


Cuantas personas podrían transitar en dos días feriados consecutivos por la entrada de la UCV que da a Plaza Venezuela, no muchas sin duda. Cuántas de estas se podrían interesar en comprar, entre otros libros el mismo en el que yo me interese. 

Mientras corro de Plaza Venezuela a la entrada de la UCV voy preparando el dinero para comprar el libro y pienso en cómo lo hare, para tratar de perturbar lo menos posible al Lord of the books. Reduzco la velocidad mientras trato de ubicar el libro, pero no logro verlo. Sin voltear a ver al Señor, pregunto si vendió “Eva Luna”. No escucho respuesta, es entonces cuando volteo y lo observo, recostado hacia la pared leyendo un libro. La posición que adopta lo hace tan imperceptible, que cuando estas a unos metros de distancia, llegas a pesar que los libros están solos. Repito la pregunta, pero ahora viéndole a la cara: vendió “Eva Luna”?. Él solo movió levemente, muy levemente su cabeza, como quien intenta no despegar la vista de la línea que esta leyendo.

 #6 El laberinto. 


“Pasaba días enteros caminando de un lugar a otro de la Ciudad y aún cuando salía de esta, repetía la misma rutina una y otra vez, cual especie de manía que no podía abandonar, hasta que un día entro a un laberinto sin salida.” #MicroCuento 

Algunas veces, cuando caminamos por tantos lugares, bajamos la guardia, nos confiamos y hasta llegamos a sentirnos invulnerables, cuando como seres humanos y en la Ciudad que vivimos somos completamente lo contrario, susceptibles a que cualquier cosa nos pase. Es nuestro deber minimizar esos riesgos sin quedarnos encerrados en nuestras casas.



 Hoy me sentí literalmente en un laberinto mientras corría.  Nunca había corrido por temor y correr sin saber si estas cerca de la salida puede ser realmente desesperante. Fueron apenas unos minutos, minutos que se me hicieron eternos y en los que debí agotar todas mis energías hasta que logre salir de allí. Después de eso no tuve ni el ánimo, ni las fuerzas para seguir corriendo. Ya no importo la distancia, el tiempo o el rendimiento, solo le daba vueltas en la cabeza a esa frase “…hasta que un día entro a un laberinto sin salida.”

#7 Antonio Machado. 


“Caminante, son tus huellas  
el camino y nada más;  
Caminante, no hay camino,  
se hace camino al andar.”


 Ahora ya saben porque me gusta tanto caminar esta Ciudad entre sustos, disgustos y sobre todo gustos.


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